
Los implantes son raíces de titanio que se integran en el hueso para sustituir dientes perdidos: la solución más duradera para volver a masticar, hablar y sonreír con normalidad.
Cada ausencia sobrecarga a los dientes vecinos, acelera su desgaste, deteriora la masticación (y con ella la digestión y la nutrición) y provoca pérdida progresiva del hueso. Reponer a tiempo es proteger el resto de la boca.
Con buena higiene y mantenimiento, un implante puede durar toda la vida. Es la alternativa más parecida al diente natural.
La corona se fija al implante imitando al diente perdido en forma, color y función. Se acabó el «comer con cuidado».
El implante transmite las fuerzas de masticación al hueso y evita su reabsorción, algo que ninguna prótesis removible consigue.
Exploración, radiografía y valoración del hueso y de la salud general. Si hay enfermedad periodontal, se trata antes de implantar.
Cirugía sencilla con anestesia local (o sedación consciente si el caso lo requiere). El implante queda integrándose en el hueso unos meses.
Colocada la corona definitiva, programamos revisiones periódicas: el éxito a largo plazo depende del mantenimiento y la higiene.
Recuperar una masticación completa cambia la alimentación, la digestión y el ánimo. Planificamos cada caso para lograr un resultado natural en estética y función, con un mantenimiento sencillo y revisiones programadas.
